Las cifras oficiales de pobreza del Ecuador dejaron de ser confiables para medir el progreso. La causa de fondo es un marco muestral anclado al censo de 2010, y su actualización es urgente.
Una encuesta sirve para tomar decisiones cuando su margen de error es pequeño frente al cambio que se quiere detectar. La ENEMDU ya no cumple esa condición.
La Encuesta Nacional de Empleo, Desempleo y Subempleo (ENEMDU) es la herramienta oficial con la que el Ecuador mide la pobreza por ingresos y la desigualdad. Cada estimación que publica el INEC viene acompañada de un intervalo de confianza al 95%: el rango dentro del cual se ubica, con alta probabilidad, el valor real. Mientras ese intervalo sea estrecho, la cifra es útil. Cuando se ensancha, deja de informar.
Calculando el margen de error relativo de cada estimación —la mitad del intervalo dividida por la cifra reportada— sobre los propios tabulados del INEC, el resultado es inequívoco: entre 2007 y 2017 ese margen se mantuvo estable, cerca del 4%–5%. A partir de 2020 se dispara. Para 2024–2025 supera el 19% a nivel nacional, el 25% en el área rural y el 27% en la pobreza multidimensional.
El deterioro no es solo relativo. En términos absolutos, el intervalo de confianza de la pobreza nacional de diciembre pasó de apenas ±1 a ±2 puntos porcentuales durante toda la década de 2010 a ±4 a ±6 puntos en los años recientes. En el área rural el intervalo llegó a ±11 puntos en 2024: la cifra reportada podía estar errada por más de una quinta parte de su valor.
El salto coincide con un cambio documentado: el INEC reconoce que entre 2020 y mayo de 2021 modificó el tamaño y la distribución de la muestra y los factores de ponderación, afectando la comparabilidad histórica. La muestra se redujo —el boletín de diciembre se levanta hoy sobre cerca de 9.000 viviendas— y una muestra más pequeña produce, mecánicamente, intervalos más anchos. Promediando antes y después del quiebre, el margen de error relativo se multiplicó por 3,5 a nivel nacional y por 4 en el área rural.
Cuando los intervalos de varios años se superponen, la estadística no permite afirmar que la pobreza haya cambiado. Es exactamente lo que ocurre hoy.
La Figura 4 grafica la tasa de pobreza nacional de diciembre y su intervalo de confianza. Hasta 2017 las barras eran cortas y separadas: un descenso real era visible. Desde 2021, los intervalos son tan amplios que se solapan unos con otros. El intervalo de 2024 (22%–34%) contiene a las estimaciones puntuales de 2022, 2023 y 2025. Estadísticamente, esos cuatro años son indistinguibles.
Esto no es una interpretación externa. El propio INEC advierte, en sus boletines, que las variaciones recientes no son estadísticamente significativas. En julio de 2025, la afirmación oficial de que "220 mil personas salieron de la pobreza" entre junio de 2024 y junio de 2025 fue verificada de forma independiente: la reducción de 1,5 puntos cae dentro del margen de error y no puede presentarse como un logro comprobado.
El caso más extremo es la serie trimestral. En junio de 2025, la pobreza rural se estimó en 41,7%, pero con un intervalo que va de 25,2% a 58,1% —casi 33 puntos de amplitud—. Un rango que abarca desde "uno de cada cuatro" hasta "casi seis de cada diez" habitantes rurales no orienta ninguna política pública.
La pobreza extrema, por trabajar con cifras más pequeñas, sufre el problema con mayor intensidad: su margen de error relativo supera hoy el 40% a nivel nacional y rural. La cifra de pobreza extrema reportada podría estar errada en casi la mitad de su valor.
Toda encuesta de hogares se levanta sobre un marco muestral: el inventario de viviendas y sectores —la cartografía del país— del que se sortean los hogares a entrevistar. El marco de la ENEMDU se construyó con los resultados y la cartografía del VII Censo de Población y VI de Vivienda de 2010, y se implementó desde septiembre de 2013. Desde entonces ha recibido apenas una actualización cartográfica parcial.
Quince años después, ese mapa describe un país que ya no existe. No contiene los barrios construidos después de 2010, ni los asentamientos informales que crecieron en la periferia de las ciudades, ni refleja la migración interna ni la llegada de población extranjera. El Ecuador realizó precisamente por eso un nuevo censo en 2022. Pero, hasta la documentación metodológica más reciente disponible, la ENEMDU seguía sorteando hogares del mapa de 2010.
Aquí está el punto decisivo: el marco viejo no es lo que ensancha los intervalos de confianza. Su daño es peor, porque es invisible.
Conviene distinguir dos errores que con frecuencia se confunden. El intervalo de confianza que publica el INEC mide solo uno de ellos.
Surge de entrevistar a una muestra y no a toda la población. Se reduce con muestras más grandes y crece con muestras pequeñas.
Es la causa directa del ensanchamiento visible desde 2020: la muestra se redujo.
Surge de un marco que ya no representa al país: viviendas y zonas enteras quedan sin posibilidad de ser seleccionadas.
Es el daño del marco de 2010, y crece silenciosamente cada año que el mapa se aleja más de la realidad.
Hay una señal adicional de que las cifras envían mensajes contradictorios: mientras la pobreza por ingresos cae a mínimos históricos, la pobreza multidimensional —que mide acceso real a educación, salud y servicios— ha subido de forma sostenida en los últimos años. Indicadores que deberían moverse juntos apuntan en direcciones opuestas. Cuando una fuente se contradice consigo misma, la explicación más simple no es el progreso: es la pérdida de calidad del dato.
Las cifras de pobreza no son un dato académico. De ellas dependen la focalización de transferencias y bonos, la asignación territorial del gasto social, la evaluación de programas y el cumplimiento de metas nacionales e internacionales. Una medición que no distingue un año de otro produce tres riesgos concretos:
Decisiones mal dirigidas. Si no se sabe dónde la pobreza realmente aumentó o disminuyó, los recursos se asignan sobre ruido. Zonas con necesidades crecientes —las que más cambiaron desde 2010— son justamente las peor representadas por el marco viejo.
Erosión de la confianza pública. Cuando cifras oficiales se usan para proclamar logros que la propia metodología califica de no significativos, el costo lo paga la credibilidad de toda la estadística nacional, incluida la que sí es sólida.
Una ventana que se cierra. El Censo 2022 ya está levantado. Cada trimestre que la ENEMDU sigue operando sobre el marco de 2010 es un trimestre de datos cuyo sesgo no podrá corregirse después. El costo de no actualizar crece con el tiempo.
Las cifras de error de este documento se calcularon directamente sobre los tabulados oficiales del INEC. El margen de error relativo se define como la mitad de la amplitud del intervalo de confianza al 95% (límite superior menos límite inferior, dividido entre dos), expresada como porcentaje de la estimación puntual. Salvo indicación contraria, las series corresponden a la ronda de diciembre de cada año. Las comparaciones "antes / después de 2020" promedian los periodos 2007–2019 y 2021–2025. Este brief utiliza exclusivamente datos publicados por el INEC; no recalcula la pobreza, sino que examina la precisión con que la encuesta la mide.